Las familias habían reclamado reconocimiento
Stella Belia, responsable del grupo de apoyo Rainbow Families, describió la larga campaña en una entrevista con Associated Press publicada antes de la votación. «Llevo luchando por esto desde que descubrí quién era», afirmó. Su testimonio situaba la experiencia cotidiana de las familias en el centro del debate.
El Gobierno vincula el proyecto con los derechos de la infancia
El primer ministro Kyriakos Mitsotakis explicó al Parlamento que el reconocimiento abordaría desigualdades prácticas de niños que ya vivían con progenitores del mismo sexo. Mencionó la escuela, el hospital, los viajes y la protección de los hijos si fallecía un progenitor legalmente reconocido. Distinguió el matrimonio civil de las ceremonias religiosas y señaló que no cambiaban las normas de reproducción asistida. [2]
Los defensores identifican las lagunas pendientes
ILGA-Europe y NELFA instaron al Gobierno a ampliar la igualdad. Su declaración conjunta señaló que la ley no abría la fecundación in vitro a parejas de mujeres ni abordaba el acceso desigual a la gestación subrogada. Celebraron el reconocimiento matrimonial mientras mantenían en la agenda política derechos más amplios de quienes deseaban formar una familia.