La apariencia eclipsó su experiencia
La señora F. ya había trabajado como auxiliar de educación infantil y quería cualificarse para un puesto de mayor responsabilidad. En la entrevista le preguntaron repetidamente si se quitaría el pañuelo o cambiaría su forma de llevarlo. Los tribunales reconocieron discriminación por religión y género en el proceso de candidatura. [1][3]
El asesoramiento y apoyo jurídico facilitaron la demanda
La institución austriaca de defensa de la igualdad de trato apoyó inicialmente su reclamación. El centro de documentación sobre islamofobia y racismo antimusulmán y Klagsverband la ayudaron después a acudir a los tribunales. El caso afectaba al propio acceso a la formación, por lo que la protección también cubría la selección. La indemnización compensó el daño personal sufrido. [3]
La solicitante habló de valor y apoyo
En una entrevista publicada una semana después, la señora F. dijo: «Sin duda hace falta mucha paciencia». Describió los ánimos de su hermana y el apoyo de su familia y asesores. Sabine Wagner-Steinrigl, de la institución de igualdad, expresó su deseo de que el resultado animara a otras mujeres a denunciar discriminación en la contratación y la formación. [2]